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RUAJ AMI
presenta
 
Charla del periodista Israelí Ramy Wurgaft
 
Domingo 06 de Octubre - 17:30hrs en WIZO
 
(Cupos limitados - inscripciones en CONTACTO@RUAJAMI.CL)
 
LAS DISCREPANCIAS ENTRE LA ARQUEOLOGÍA Y LA BIBLIA
 
En una reunión con sacerdotes protestantes de Argentina, me preguntaron que opinión tengo del Antiguo Testamento.  Dije lo que realmente pienso: que el Tanaj es una obra maestra superior a la Iliada de Homero. Una sonrisa de aprobación se dibujó en el rostro de mis  interlocutores. Pero el asunto no quedó allí. Por honrar a la verdad señalé que para los investigadores modernos, buena parte del relato bíblico carece de asidero histórico. Los pastores fruncieron el ceño y la reunión concluyó antes de lo previsto. No podía ser de otra forma ya que para los protestantes y naturalmente para los judíos, el Tanaj es un libro de historia en el sentido más estricto de la palabra.

Educado en esa apreciación, el público israelí se sintió ofendido cuando, en 1994, el arqueólogo  israelí Zeev Hertzog publicó en el diario Haaretz, un reportaje acerca del libro bíblico del Éxodo. Herzog indicó que no se han encontrado pruebas tangibles de la presencia masiva de hebreos en el antiguo Egipto. Ni tampoco  indicios palpables de que Moisés, a la cabeza de más de un millón de hombres y mujeres, haya errado durante 40 años por el desierto. El diario Haaretz recibió un furioso aluvión de cartas, algunas reclamando que otros arqueólogos desmintieran el  ...!“panfleto antisemita”!....  de Herzog.

Pero ningún arqueólogo de la primera liga, objetó los postulados de aquel colega. La tormenta no había amainado cuando en un simposio celebrado en 1995, el arqueólogo Israel Finkelstein describió a David y a su hijo Salomón, los “gigantes” del Tanaj, como a dos pequeños jefes tribales, sin otra gloria que la de haber fundado una dinastía que recién cobró importancia en el siglo 7 antes de Cristo (AC).  Vale decir, tres siglos después de que David y Salomón reinaran en Jerusalén. Finkelstein no había completado la frase cuando el público saltó de sus asientos. ¿Cómo se atrevía el “negacionista” a menoscabar a los más grandes monarcas que ha tenido Israel? 

La reacción de la gente me hizo recordar la virulencia de los hinchas futbolísticos, cuando el árbitro castiga injustamente a su equipo. La postura de Finkelstein se asienta en las excavaciones que se han realizado en Jerusalén, entre 1961 y 1985. En el nivel correspondiente al reinado de David y Salomón, en el siglo 10 (AC), no se descubrió nada aparte de tierra y rocas. Para Finkelstein, la Jerusalén de esa época no era más que una pequeña aldea, con casas de adobe que sucumbieron al paso del tiempo. No la imponente Jerusalén que describe el Tanaj. Suma y sigue: las exploraciones llevadas a cabo entre la década de los 70 y de los 80, demuestran que en el siglo décimo AC el  territorio correspondiente a Judá, la tribu de David, contaba con apenas una veintena de villorios y una escasa población, dedicada principalmente al pastoreo. De una región tan pobre, ni el carismático David pudo haber reunido los recursos necesarios para establecer un imperio como el que le atribuye el Tanaj.

La hipótesis minimalista de Israel Finkelstein ha sido contrastada por Yosi Garfinkel, otro afamado arqueólogo israelí. En 2007, Garfinkel descubrió en un monte situado al suroeste de Jerusalén, las ruinas de una gran ciudad fortificada.  Los analisis demostraron que aquel bastión fue edificado, precisamente, en la época de David. Uno de los hallazgos más importantes, fue el de un incensario que reproduce, a pequeña escala, la puerta del Templo de Salomón. Al término de las excavaciones, Garfinkel no dudo en identificar aquel yacimiento con Shaaraim , una de las ciudades que el Tanaj atribuye a la obra constructiva de David y Salomón. En cuanto a Jerusalén  y a la ausencia de hallazgos en el nivel relativo al siglo 10 AC, Garfinkel presume que, al tomar la ciudad en el año 586 AC, los babilonios arrasaron con todas las edificaciones davídicas y salomónicas. Y que los escombros fueron reutilizados en la construcción de nuevas viviendas, en épocas posteriores.  “¿Jefes tribales de ínfima categoría? No me hagan reir. David y Salomón fueron dos figuras clave en la historia del antiguo Israel”, declaró Yosi Garfinkel, en una rueda de prensa. La romántica búsqueda de Moisés no ha dado resultados. El debate en torno a David y Salomón se encuentra en pleno apogeo.

Pero la quemante pregunta es si acaso el Tanaj cuenta una verdad sesgada o si de plano miente. En las entrevistas que he tenido con Zeev Herzog, Israel Finkelstein y otros arqueólogos de la misma escuela, no he no dudado en formular esa pregunta. En todos los casos, la respuesta ha sido fundamentalmente la misma: que mi pregunta yerra el blanco. Porque la obra que compusieron los escribas de Judá, allá por el siglo 8 AC, no pretende ser un recuento objetivo de las vicisitudes del antiguo Israel. Lo que cuenta el Tanaj es una historia subjetiva, acerca de la relación de Dios con su pueblo a través de los años. Para lograr esa hazaña, los escribas recogieron antiguas tradiciones propias y de otros pueblos, y las plasmaron en un solo libro. Las naciones se construyen y se sostienen sobre el pedestal de los mitos. No porque haya descartado la veracidad histórica del Éxodo, Zeev Herzog deja de celebrar el seder de Pesaj.
 
(Texto por Ramy Wurgaft)

 

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